Mitos de terror japoneses: La Mujina

Mitos de terror japoneses: La Mujina

En la cultura japonesa existen miles de historias sobre espíritus, espectros y demás criaturas sobrenaturales que resultan en ocasiones perturbadoras, aunque muchos de estos entes se perciban inofensivos en su actuar, su simple presencia provoca miedo a causa de su apariencia.

Hoy hablaremos del Noppera-Bo, un fantasma sin rostro, que en su versión de Mujina, de acuerdo a los mitos de terror japoneses es una criatura con apariencia de mujer hermosa, quien después de mostrar su carencia de semblante, se vuelve difusa como una ráfaga de vapor.

Este ser aparece en múltiples narraciones folclóricas niponas, siendo la más reconocida, La leyenda de la Mujina del camino Akasaka. En este camino existe una pendiente llamada Kii-no-kuni-zaka, que significa “la pendiente de la provincia de Kii”, en uno de sus costados, hay un foso antiguo, profundo y muy ancho con paredes enmohecidas que se alzan hacia un área de jardines, al otro lado se extienden las largas y enormes paredes de un palacio imperial. Por ahí, circulaba una gran cantidad de gente, pero pocos lo hacían al anochecer ya que era un lugar bastante oscuro que se tornaba peligroso para transitar después de ciertas horas, aunque a veces, la necesidad ganaba.

Fue así, que un hombre se vio obligado a tomar ese camino, cerca del anochecer, y vio a aquella mujer agachada cerca del foso, era delgada, llevaba ropas elegantes, su cabello estaba muy bien peinado, además, lloraba amargamente, parecía tener la intensión de ahogarse. Así que el caballero de inmediato se acercó para prestar ayuda, sin éxito alguno, pues la joven seguía sumida en el llanto, oculta tras su manga.

Muy angustiado el señor, se acercó a ella, poniéndole la mano sobre el hombro con mucha suavidad, suplicando aun, tener la dicha de ayudarle en su dolor, fue entonces que la joven se giró, mientras se frotaba la cara con las manos, al parecer enjuagando sus lágrimas, pero en este acto, el hombre pudo ver que ella no tenía ojos, nariz o boca, tan solo era una simple masa sin rostro, razón suficiente para salir corriendo sin rumbo hasta encontrarse con alguien más y dejar de sentirse solo en aquel oscuro y vacío lugar.

Finalmente, una linterna ilumino el camino de aquel hombre asustado, que, sin pensarlo dos veces, se tiró a los pies de aquel comerciante ambulante al que veía en ese momento como su salvador. El vendedor preguntaba la causa de tremendo miedo, pero el señor tan asustado se negaba decir lo que había visto, solo se entendía que el hecho involucraba a una mujer junto al pozo. Pareciendo conocedor de una historia similar, – ¿era algo así lo que te enseñó? – el mercante preguntó frotándose la cara que rápidamente se volvió como un huevo, y súbitamente la luz se apagó.

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