Leyenda corta de la Llorona de Puerto La Cruz

Leyenda corta de la Llorona de Puerto La Cruz

La Llorona es uno de los iconos de la cultura popular mexicana, mencionada en más de una leyenda corta; sus apariciones se cuentan por miles, y las versiones se adaptan a la perfección con distintos entornos del país. Cada relato tiene su sello particular, tal es el caso de la Llorona de Puerto La Cruz, pues según se cuenta ella se deja ver con mayor frecuencia en el mes de mayo, coincidiendo esto con la celebración del día de la madre.

Era 14 de mayo, cuando una joven llamada Milagros Jiménez regresaba de trabajar, esa noche su salida se demoró un poco, así que se vio en la necesidad de tomar un taxi hasta su casa, sin embargo, debido al mal estado del camino, no hubo forma de acceder y bajó una cuadra antes de su destino. La chica no se preocupaba mucho, ya que estaba prácticamente a punto de llegar, podía ver incluso la entrada de su casa, y confiaba en sus vecinos.

Al paso de tres viviendas, escuchó un sonido que no pudo identificar, se detuvo, entonces distinguió sollozos, puso más atención, y se dio cuenta de que era un llanto, profundo, lastimero, pero suave, apenas perceptible, dio media vuelta, y allá en la esquina, por donde había pasado segundos antes, se encontraba una mujer, sentada en la banqueta, tenía puesto un camisón blanco y el cabello cubría su rostro, aun así, su aspecto no concordaba con ninguna de las personas que vivían en los alrededores.

Con paso dudoso la chica caminó lentamente hacia la mujer dolida, tenía la intención de prestarle ayuda, pero, tomaba sus precauciones porque, a fin de cuentas, era una desconocida. Desde una distancia prudente, intentaba entablar una conversación con ella, mas no obtenía respuesta, la mujer solo subía la intensidad de sus lloriqueos. La pobre de Milagros creció en angustia, dejando atrás su propia seguridad, fue a sacar a la señora de su trance de sufrimiento tocándole el hombro, en ese momento, la melena que cubría el rostro de la desconocida, se abrió de par en par dejando que la chica apreciara por completo un semblante pálido y carcomido, era apenas una capa de piel rancia la que se posaba sobre los huesos de aquella dama que para entonces ya flotaba el aire, emitiendo un chillido que taladraba la espina de Milagros, la muchacha deseaba correr, huir, de eso no había la menor duda, sin embargo, ahí se quedó parada, horas y horas, hasta que la mañana siguiente la encontraron en aquel lugar, inmóvil, ausente de su cuerpo.

Fueron muchos años los que necesitó para recuperarse y contar que la causa de tal estado se debía a su encuentro con la Llorona de Puerto La Cruz.

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