Posts by Ramiro

Mito del ejército infernal

Mito del ejército infernal

Los demonios son seres sobrenaturales y malévolos, criaturas no humanas, espíritus impuros que pueden poseer a las personas, y para deshacerse de ellos es necesario realizar un exorcismo. En el ejército infernal, su participación es incontable y es precisamente a ellos a quien los satanistas invocan en sus múltiples rituales, ya que los demonios, son los más propensos a interesarse por los asuntos de la humanidad y se han clasificado en seis categorías distintas de acuerdo a sus características.

Demonios Ígneos: Son aquellos que habitan en el enorme vacío del universo y poco interés tienen por la raza humana. Solo es posible invocarlos mediante la Magia Auténtica, pero se tiene poco control sobre ellos.

Demonios Aéreos: Estos seres se mueven por millares a través del mundo de los espíritus, buscando entradas a nuestro mundo para tentarnos o atacarnos a los humanos. Conspiran con los satanistas para destruir a la humanidad.

Demonios Terrestres: Son los más peligrosos, pues fueron expulsados del mundo de los espíritus y viven en la Tierra, entre nosotros. Se confunde a menudo con hadas y hombres lobo. Los más débiles poseen cuerpos de animales, creando bestias demoníacas, mientras los más poderosos se hacen pasar por seres humanos y fomentan la corrupción en secreto.

Demonios Acuáticos: viven en cualquier cuerpo de agua, y su pasatiempo es ahogar a los humanos, sobre todo niños. Los demonios oceánicos son inmensos monstruos, capaces de aplastar barcos entre sus anillos o tentáculos.

Demonios Subterráneos: Viven en las profundidades de la tierra, en cuevas y cavernas. Atacan a quienes perturban sus dominios. Son lentos y maliciosos, y tienen el aspecto de híbridos de armadura, carne y piedra.

Demonios Vinculados: Estos demonios son tan penosos que pueden ser invocados para que realicen trabajos. Suelen ser pequeños y desagradables, con frecuencia apareciendo como sapos y otras sabandijas exageradamente grandes.

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Cuento de terror El crujir de la madera

Cuento de terror El crujir de la madera

Baltasar era un niño al que le gustaba ir al sótano de su casa a esconderse y así pasar el rato jugando con sus hermanos.

Como el depósito estaba lleno de cajas y muebles, era muy sencillo ocultarse detrás de alguno de ellos. Otra de las cosas que hacía era permanecer callado por largos periodos de tiempo para que luego de que pasara alguien junto de él, salía de entre las sombras con el fin de darle un buen susto a su “víctima”.

Un día lluvioso de septiembre bajó las escaleras y con la luz de una linterna alumbró una zona que estaba repleta de trebejos para esconderse hasta que sus fraternos empezaran a buscarle.

Sin embargo, como ese día los otros miembros de la familia habían salido a ver una exposición de obras de arte relacionada con cuentos de terror famosos, ellos no llegarían hasta la noche.

Mirando los objetos del sótano, Baltasar encontró una caja en donde estaban sus viejos luchadores de juguete.

– ¡Genial! Creí que papá los había tirado cuando me castigó la vez que rompí el florero de la abuela.

Trató de sacar las figuras de acción, pero el recipiente de madera estaba debajo de otros, por lo que tuvo que empujar el resto de cajas hacia un lado, tratando de que no se fueran a caer, para luego sacar los muñecos lentamente.

No obstante, se escuchó como una de las cajas superiores comenzó a crujir y de pronto toda una pila de cosas pesadas cayó encima del niño.

Baltasar gemía del dolor, pero luego sus sollozos se convirtieron en alaridos al ver que su rostro estaba lleno de sangre. Baltasar murió poco después y su cuerpo quedó embebido en sangre y trozos de masa encefálica. Una de las más escalofriantes historias de terror que he escuchado en mis casi tres décadas de vida.

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Leyenda del pozo maldito

Cuando se descubrió oro en la zona serrana de Sinaloa, muchas familias campesinas obtuvieron grandes tratos para vender sus propiedades, dejando el camino libre para que las empresas mineras canadienses explotaran el lugar. En cuestión de semanas derrumbaron las modestas construcciones de los antiguos dueños para levantar las instalaciones de las compañías y campamentos para los obreros. Solo que hubo una condición muy determinante por parte de los anteriores habitantes de la región, y era que: por nada del mundo se tocara un viejo pozo en desuso y tapiado que estaba en la zona central del poblado.

Desafortunadamente, tal acuerdo fue solo verbal, no se estipuló en algún documento, una vez que se marcharon todos los pobladores y se establecieron los mineros, abrieron el pozo para investigar si podían utilizar sus túneles y apresurar la extracción del preciado metal. Hubo cierto recelo por parte de los obreros para bajar, pues el guía les informó sobre extraños dibujos, símbolos raros, y lo más inquietante, rasguños en las paredes de la fosa, misma que conservaba una humedad rojiza algo inusual.

Aun así, trabajo es trabajo, no tuvieron más remedio que utilizar aquella ruta, porque era optima, sin embargo, desde el primer día tuvieron problemas, el elevador se detenía constantemente, sin presentar alguna falla mecánica, las luces se apagaban y así sucedía con cualquier artefacto que utilizaban en la oquedad. También se perdían las herramientas, y los trabajadores empezaron a hablar sobre una serie de murmullos, unos muy particulares, que podían escucharse a pesar del ruido de las perforaciones y extracciones, tal y como si se hicieran directamente en sus oídos, causando también escalofríos en la nuca.

Se sentía un ambiente tenso que no les permitía trabajar en paz, la sensación de estar siendo vigilado, les obligaba a permanecer juntos todo el tiempo posible, ni aun el más valiente se atrevía a aventurarse solo y todo emporó cuando intentaron ensanchar la boca del pozo para meter maquinaria. Uno de los trabajadores vio salir un líquido denso entre las rocas, y se acercó, era resbaloso al tacto, no muy abundante, pero rojo, rojo intenso, como el color de la sangre, como la tonalidad que cubría las paredes de la fosa, al mover un poco las piedras, tremenda fue la sorpresa al encontrarse con un cuerpo, siguió moviendo los escombros con desesperación intentando ayudar a esa persona, sin embargo, solo encontraba más personas aparentemente heridas, aunque ninguno de ellos emitía queja alguna.

Desde la distancia los demás operadores de maquinaria notaron la actitud del compañero y fueron a ayudarle, pero estaba tan alterado, gritando por ayuda, que solo pudieron calmarle a golpes, cuando recobró la razón y explicó lo sucedido, no hubo quien pudiera creerle, pues aun estando con él en ese momento, no pudieron ver nada de lo que decía.

Los trabajos continuaron, de forma incomoda, pero iban avanzando, hasta que, en definitiva, los trabajadores se negaron a entrar en el pozo, tras un hecho en particular, pues durante un derrumbe, todos ellos quedaron sepultados debajo de cadáveres, cientos de ellos, cuya sangre corría por los túneles inundándolos sin control. Los mineros se abrieron paso entre aquella horripilante escena, moviendo los cuerpos de un lugar a otro, haciéndolos a un lado mientras flotaban en el rio de plasma. Al llegar a la superficie, su aspecto era perturbador, las caras blancas de susto se veían apenas pues estaban empapados de sangre, no podían decir palabra alguna, pero no hacía falta, simplemente se tapió el pozo, recordando que los antiguos pobladores fueron estrictos sobre el destino de este.

Se hicieron perforaciones y túneles nuevos, en ellos no hubo más problemas, sin embargo, los susurros seguían escuchándose al pasar al lado del pozo, por eso muchos preferían evitar acercarse siquiera.

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Mitos de terror japoneses: La Mujina

Mitos de terror japoneses: La Mujina

En la cultura japonesa existen miles de historias sobre espíritus, espectros y demás criaturas sobrenaturales que resultan en ocasiones perturbadoras, aunque muchos de estos entes se perciban inofensivos en su actuar, su simple presencia provoca miedo a causa de su apariencia.

Hoy hablaremos del Noppera-Bo, un fantasma sin rostro, que en su versión de Mujina, de acuerdo a los mitos de terror japoneses es una criatura con apariencia de mujer hermosa, quien después de mostrar su carencia de semblante, se vuelve difusa como una ráfaga de vapor.

Este ser aparece en múltiples narraciones folclóricas niponas, siendo la más reconocida, La leyenda de la Mujina del camino Akasaka. En este camino existe una pendiente llamada Kii-no-kuni-zaka, que significa “la pendiente de la provincia de Kii”, en uno de sus costados, hay un foso antiguo, profundo y muy ancho con paredes enmohecidas que se alzan hacia un área de jardines, al otro lado se extienden las largas y enormes paredes de un palacio imperial. Por ahí, circulaba una gran cantidad de gente, pero pocos lo hacían al anochecer ya que era un lugar bastante oscuro que se tornaba peligroso para transitar después de ciertas horas, aunque a veces, la necesidad ganaba.

Fue así, que un hombre se vio obligado a tomar ese camino, cerca del anochecer, y vio a aquella mujer agachada cerca del foso, era delgada, llevaba ropas elegantes, su cabello estaba muy bien peinado, además, lloraba amargamente, parecía tener la intensión de ahogarse. Así que el caballero de inmediato se acercó para prestar ayuda, sin éxito alguno, pues la joven seguía sumida en el llanto, oculta tras su manga.

Muy angustiado el señor, se acercó a ella, poniéndole la mano sobre el hombro con mucha suavidad, suplicando aun, tener la dicha de ayudarle en su dolor, fue entonces que la joven se giró, mientras se frotaba la cara con las manos, al parecer enjuagando sus lágrimas, pero en este acto, el hombre pudo ver que ella no tenía ojos, nariz o boca, tan solo era una simple masa sin rostro, razón suficiente para salir corriendo sin rumbo hasta encontrarse con alguien más y dejar de sentirse solo en aquel oscuro y vacío lugar.

Finalmente, una linterna ilumino el camino de aquel hombre asustado, que, sin pensarlo dos veces, se tiró a los pies de aquel comerciante ambulante al que veía en ese momento como su salvador. El vendedor preguntaba la causa de tremendo miedo, pero el señor tan asustado se negaba decir lo que había visto, solo se entendía que el hecho involucraba a una mujer junto al pozo. Pareciendo conocedor de una historia similar, – ¿era algo así lo que te enseñó? – el mercante preguntó frotándose la cara que rápidamente se volvió como un huevo, y súbitamente la luz se apagó.

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Los cuentos cortos de un vagabundo

Los cuentos cortos de un vagabundo

Los vagabundos van de un lugar a otro sin un destino fijo, recorren toda clase de lugares, se enteran de todo tipo de historias y tienen oportunidad de vivir experiencias que muchos de nosotros ni siquiera hemos imaginado, entre ellas, las únicas que nos interesan en este momento, son las de carácter sobrenatural, aquellas que ericen los cabellos, que hagan temblar los huesos y rechinar los dientes. Esas cuyos relatos puedan convertirse en cuentos cortos que despierten el miedo en un par de líneas.

Comenzamos así, con el relato de Rafael, mientras este caminaba a orillas de la carretera, buscando ir de un pueblo a otro durante la madrugada. En ese tiempo, al alumbrado público era nulo, el único farol que le permitía seguridad en sus pasos era la Luna, pero en ciertos tramos en los cuales los maizales se alzaban varios centímetros sobre su cabeza, ningún rayo parecía iluminar el camino. Sin embargo, el seguía moviéndose, ayudado de un rustico bordón.

Caminaba sin premura, sus tantos años le obligaban a ir lento, encorvado, tembloroso, haciendo sonar armoniosamente las latas que llevaba a cuestas en una vieja mochila, a ratos silbaba, a ratos tosía, en otros, simplemente guardaba silencio, pensando, caminando. De pronto su ya tan conocida rutina, fue interrumpida por un ruido familiar, pero de cierta forma más animoso, más llamativo, que hacía eco en al ambiente. Se detuvo para escuchar con mayor atención, sin duda, aquello se oía como trastos metálicos, chocando unos con otros a cada paso dado.

De inmediato, esto se relacionó con un compañero de aventuras, una persona con quien sentarse a tomar una buena taza de café frente a la lumbre y compartirse historias sobre los lugares que el otro aún no ha visitado o las personas que no ha conocido. Lanzó un chiflido de reconocimiento, respondido de inmediato, desde el lugar donde una figura delgada y apenas perceptible salía de entre los maizales. Rafael fue a su encuentro, pero entre más se acercaba, más quiso evitarlo, pues estaba aclarándose frente a él, un ser de enorme estatura, envuelto en una túnica oscura que parecía tener vida propia y se movía rebeldemente sin sincronía con la criatura.

A pesar de sus muchos intentos, por detenerse y dar la vuelta, el vagabundo seguía caminando directo al ente desprovisto de rostro, como si este le hipnotizara con sus ojos rojos cual carbones encendidos, llegó tan cerca, que por unos momentos sintió el abrazo frio de aquel espíritu que parecía chuparle la vida, entraba por su garganta causándole carraspera y sorbía todo el aire de sus pulmones, parecía que lo voltearía de adentro hacia afuera, pero en un par de segundos, había ya atravesado su cuerpo y continuaba su camino, halando las pesadas cadenas con las cuales sujetaba varios espíritus.

Desde aquella noche, Rafael en sus andares, apresura su paso, se muestra inquieto, no quiere ser aquel que se cruce en el camino dela muerte, cuando esta necesite un abrazo.

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Leyenda corta de la Llorona de Puerto La Cruz

Leyenda corta de la Llorona de Puerto La Cruz

La Llorona es uno de los iconos de la cultura popular mexicana, mencionada en más de una leyenda corta; sus apariciones se cuentan por miles, y las versiones se adaptan a la perfección con distintos entornos del país. Cada relato tiene su sello particular, tal es el caso de la Llorona de Puerto La Cruz, pues según se cuenta ella se deja ver con mayor frecuencia en el mes de mayo, coincidiendo esto con la celebración del día de la madre.

Era 14 de mayo, cuando una joven llamada Milagros Jiménez regresaba de trabajar, esa noche su salida se demoró un poco, así que se vio en la necesidad de tomar un taxi hasta su casa, sin embargo, debido al mal estado del camino, no hubo forma de acceder y bajó una cuadra antes de su destino. La chica no se preocupaba mucho, ya que estaba prácticamente a punto de llegar, podía ver incluso la entrada de su casa, y confiaba en sus vecinos.

Al paso de tres viviendas, escuchó un sonido que no pudo identificar, se detuvo, entonces distinguió sollozos, puso más atención, y se dio cuenta de que era un llanto, profundo, lastimero, pero suave, apenas perceptible, dio media vuelta, y allá en la esquina, por donde había pasado segundos antes, se encontraba una mujer, sentada en la banqueta, tenía puesto un camisón blanco y el cabello cubría su rostro, aun así, su aspecto no concordaba con ninguna de las personas que vivían en los alrededores.

Con paso dudoso la chica caminó lentamente hacia la mujer dolida, tenía la intención de prestarle ayuda, pero, tomaba sus precauciones porque, a fin de cuentas, era una desconocida. Desde una distancia prudente, intentaba entablar una conversación con ella, mas no obtenía respuesta, la mujer solo subía la intensidad de sus lloriqueos. La pobre de Milagros creció en angustia, dejando atrás su propia seguridad, fue a sacar a la señora de su trance de sufrimiento tocándole el hombro, en ese momento, la melena que cubría el rostro de la desconocida, se abrió de par en par dejando que la chica apreciara por completo un semblante pálido y carcomido, era apenas una capa de piel rancia la que se posaba sobre los huesos de aquella dama que para entonces ya flotaba el aire, emitiendo un chillido que taladraba la espina de Milagros, la muchacha deseaba correr, huir, de eso no había la menor duda, sin embargo, ahí se quedó parada, horas y horas, hasta que la mañana siguiente la encontraron en aquel lugar, inmóvil, ausente de su cuerpo.

Fueron muchos años los que necesitó para recuperarse y contar que la causa de tal estado se debía a su encuentro con la Llorona de Puerto La Cruz.

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